Por qué ha fracasado el liberalismo.

Patrick J. Deneen es un teórico político norteamericano, ha sido profesor en las universidades de Princeton y Georgetown, desempeñando actualmente su labor docente en el Estado de Indiana como responsable de la cátedra de estudios constitucionales de la  Universidad de Notre Dame. Entre sus principales influencias se encuentran Alexis de Tocqueville, el sociólogo Christopher Lasch y el activista agrario Wendell Berry.

Deneen es un comunitarista muy crítico con la utopía capitalista del libre mercado global, apuesta por prácticas locales de producción e intercambio al considerarlas formas de economía mucho más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. En sus trabajos manifiesta una postura crítica hacia el liberalismo por su dinámica individualista, su erosión de las creencias religiosas y su hostilidad hacia el medio ambiente, la familia y las redes comunitarias de solidaridad grupal. Estas críticas, ya evidentes en sus escritos académicos y científicos, se popularizaron el año pasado con la publicación del libro sobre el que os vamos a hablar: ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?

La tesis central del libro se ve resumida en el siguiente párrafo: “El liberalismo ha fracasado porque el liberalismo ha triunfado. A medida que se convierte en una versión más acabada de sí mismo, genera patologías endémicas con demasiada rapidez y persistencia como para ser capaz de producir tiritas y velos para cubrirlas. El resultado es una cadena de apagones sistémicos en la política electoral, el gobierno y la económica, la pérdida de confianza e incluso la fe en la legitimidad misma de las instituciones entre la ciudadanía, disfunciones que se acumulan no como problemas separados y discretos a ser solventados en el marco liberal, sino como crisis de legitimidad profundamente interconectadas que presagian el fundid en negro del liberalismo”.

Las cuatro fallas del orden liberal.

Deneen identifica cuatro grandes contradicciones en el orden liberal. En política, el liberalismo prometió defender los derechos individuales de conciencia, de religión, de asociación, de expresión y de auto gobierno, entre otros; sin embargo, hoy están seriamente comprometidos por la expansión del poder del Estado en cada ámbito de la vida. Esto se puede ilustrar con la concentración del poder político en órganos de gobierno cada vez más centralizados y huidizos de cualquier control democrático o constitucional.

En economía, la utopía del libre mercado global ha producido efectos claramente lesivos con el bien común: mayores tasas de desigualdad, exclusión de amplios segmentos de la población y de importantes áreas geográficas de los flujos comerciales, crisis climática, etc.

En el ámbito de la educación también se dan importantes paradojas. Se suponía que la educación liberal era la forma de educar que más convenía a los ciudadanos que aspiraban a ser libres, pero hoy las escuelas y facultades una educación exclusivamente sometida a las cambiantes demandas de un mercado laboral desquiciado.

Finalmente, en el ámbito de la ciencia y la tecnología, Deneen observa que las mismas herramientas que fueron pensadas para darnos más control sobre la naturaleza, hoy son una fuente de ansiedad. La irrupción de los teléfonos inteligentes, por ejemplo, nos está convirtiendo en criaturas diferentes, conformándonos a las exigencias y a la naturaleza de la tecnología.

Reconstruir la trama social desde los cimientos: una praxis política post liberal.

Frente a este panorama de colapso sistémico del orden liberal, Deneen aboga por desarrollar prácticas que favorezcan nuevas formas de cultura política que fomenten experiencias de autogobierno político, social y económico. Deneen sigue la estela de propuestas inspiradas por la fe cristiana que apuestan por crear comunidades con una cultura alternativa a la hegemónica, como The Benedict Option, de Rod Dreher, pero también en otras que no tienen motivaciones religiosas como los decrecentistas o las comunidades freeconomy. En unas y otras, es patente la sed de prácticas de cuidado, paciencia, humildad, reverencia, respeto y modestia.

La cultura se construye de abajo a arriba: empieza en casa, donde la reciben los hijos, y se desarrolla en y a través de comunidades de familias y asociaciones, especialmente a través de los ritos que rodean el nacimiento, la entrada en la edad adulta, el matrimonio y la muerte. En ellas se transmite la memoria de una generación a la siguiente, a través de las historias y el canto. Es una transmisión cultural que exige más consciencia y más reflexión, para no asumir acríticamente los lugares comunes de la mentalidad dominante.

La búsqueda de una nueva cultura requiere también desarrollar ciertos hábitos económicos en el seno de las familias. La facultad de fabricar cosas debería apreciarse más que el consumo y el gasto, lo mismo que las habilidades para construir, arreglar, cocinar, plantar, preservar y abonar. Estos hábitos no solo traen independencia respecto de las pautas económicas dominantes, sino que crean cultura.

Unido a lo anterior está el redescubrimiento de formas locales de hacer política, que lleven a un mayor autogobierno de las comunidades. Es en el ámbito local donde personas con distintas visiones del mundo pueden aprender más fácilmente el arte de asociarse y trabajar codo con codo para resolver problemas comunes.

Deneen confía en que de la experiencia y de las prácticas de estas comunidades locales sea capaz de emerger una nueva teoría política que podríamos denominar post liberal. Y que en parte ya ha sido bosquejada en The Politics of Virtue de John Milbank y Adrian Pabst, autores con los que recientemente ha dialogado el propio Dennen en la sede del Parlamento britanico en un interesante encuentro organizado por el think tank ResPublica.

Como se ve, Deneen no propone a los disconformes con la cultura actual la retirada al gueto, sino el desarrollo de estilos de vida que hagan de sus comunidades verdaderos faros de luz y hospitales de campaña para sus conciudadanos. Su esperanza y la nuestra es que de ese testimonio encarnado y vivido en la polis surja un nuevo ímpetu para renovar la cultura, la economía y la política.

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