A 30 años del picnic que fundió el Telón de acero.

Este próximo 19 de agosto se conmemora el trigésimo aniversario de un evento que mostró el poder de las acciones basadas en la no violencia, la fragilidad del dominio de la Unión Soviética sobre los países de Europa del Este, y supuso el precedente directo del los acontecimientos que derivaron en la caída del Muro de Berlín. Estamos hablando del Picnic Paneuropeo.

En el año 1989 el declive de la Unión Soviética era evidente, sin embargo su implacable respuesta ante acontecimientos como la Revolución húngara de 1956 o la Primavera de Praga de 1968, suponía un antecedente que recordaba a gobiernos y ciudadanos de Europa del Este que salirse de las directrices soviéticas solía tener un coste elevado, cualquier empeño orientado a fomentar el encuentro entre europeos de ambos lados del Telón de acero suponía jugársela. A pesar de todo, Alosi Mock y Gyula Horn, ministros de asuntos exteriores de Austria y de Hungría, estaban decididos a ir a por todas.

Por aquel entonces un sistema de alambradas impedía el paso por los 246 kilómetros de frontera entre ambos países y la policía húngara (que era el sector más fiel a la URSS dentro del aparato estatal) disparaba a cualquier persona que intentara cruzar la frontera sin portar el correspondiente visado comunista. Sin embargo aquel 19 de agosto, entre las 15:00 y las 18:00 horas, la frontera entre Hungría y Austria quedaría abierta en la localidad húngara de Sopron para que ciudadanos de ambos países celebraran juntos una comida campestre de confraternización. Un acto simbólico impactante: el Telón de Acero se iba a romper durante unas horas en pleno corazón de Europa.

Las semanas previas al evento, sus promotores se encargaron de crear la máxima expectación ante la celebración del picnic. El 19 de agosto una multitud de personas llegaron hasta Sopron dispuestas a participar en un acontecimiento sin precedentes, entre ellas más de 600 de la cercana Republica Democrática de Alemania (RDA) que aprovecharon la oportunidad para huir hacia el Oeste ante las narices del gobierno comunista de la RDA y con la evidente complicidad de las autoridades húngaras y austriacas. La media docena de policías fronterizos se vieron en la disyuntiva de perpetrar una masacre o dejarles pasar y, afortunadamente, optaron por lo segundo. El 11 de septiembre se abrió definitivamente y de forma oficial la frontera entre Austria y Hungría permitiendo de nuevo la huida, esta vez, de 50.000 alemanes del Este.

El margen de reacción de la Unión Soviética fue nulo, el Picnic Paneuropeo evidenciaba la desafección hacia el socialismo real de los ciudadanos de Europa del Este y la debilidad y contradicciones internas del Imperio soviético. El 9 de noviembre cae el Muro de Berlín y dos años más tarde, el 8 de diciembre de 1991, se firma la disolución de la URSS.

Hoy día, el Picnic Paneuropeo es visto como uno de los sucesos más significativos en el fin de la RDA y de la Guerra Fría, un ejemplo del poder de los sin poder, de cómo la verdad puede llegar a ser más poderosa que el más letal de los ejércitos. Cada 19 de agosto se sigue celebrando una fiesta campestre en el mismo lugar donde se abrió la frontera por primera vez.

Espejo de príncipes.

En la celebración y éxito del Picnic jugó un papel fundamental Otto de Habsburgo, hijo mayor del último emperador de Austria,  y a la sazón, eurodiputado y presidente de la Unión Internacional Paneuropea.

La elección de Hungría y Soprom no fue casual, Hungría era un país propicio para el encuentro porque los ciudadanos de la RDA podían viajar allí libremente al ser, ambas, repúblicas socialistas hermanas (sic). El hermoso lago Balatón, próximo a Soprom, atraía a muchos turistas de las dos Alemanias y la región está más cerca de Viena que de Budapest, en las entrañas del viejo impero de los Habsburgo. La Unión Internacional Paneuropea organizó los preparativos sobre el terreno y el 19 de agosto se encargo de guiar el evento, siendo la propia hija de Otto la encargada de cortar la alambrada que separaba ambos países.

A pesar de las penalidades de sufridas en su infancia y de que no pudo pisar suelo austriaco hasta renunciar a sus pretensiones dinásticas, Otto de Habsburgo nunca se desentendió del destino de los pueblos que componían la vieja monarquía dual. Durante la IIGM trabajo por la liberación y restitución de Austria, así como de los otros países de la Monarquía, desde el exilio en Estados Unidos. A su regreso al Viejo Continente, impulsó desde la Unión Paeuropea la construcción de una Europa unida. De 1979 hasta 1999 fue diputado por la CSU bávara en el Parlamento Europeo, allí actuó especialmente en la Comisión de Asuntos Exteriores, trabajando por los pueblos al otro lado del Telón de Acero, luchando por las libertades civiles y políticas, por los derechos de las minorías y, tras caída del Muro, por la rápida integración de estos países en la Unión Europea. Falleció en 2011, recibiendo sepultura en la Cripta de los Capuchinos de la capital austriaca junto a sus antepasados.

Otto de Habsburgo es el espejo en el que ver la importante contribuciones que la vieja aristocracia puede hacer en la construcción del bien común de las sociedades contemporáneas. Un background de experiencias históricas (capital social) que en el actual contexto pluralista y fragmentario no deberíamos cometer el error de ignorar o despreciar.

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